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San Vicente fue atacado por los
corsarios ingleses en dos ocasiones: El 21 de Agosto de
1799, el cura don Diego Antonio Medina escribe en el
libro de la Cofradía de dicha parroquia lo siguiente:
"En la noche del 21 de agosto de este año anterior al
99, un corsario inglés llamado Cristóbal Cristansenz,
alias El Perro, desembarcó debajo de esta casa
(Rectoral) toda su tripulación, muy armados y
prevenidos, subieron y robaron todo cuanto tenía el cura
Diego Antonio Medina, que permaneció sólo en la casa, y
muy próximo al degüello, quedando al fin con vida, pero
muy herido y maltratado. De la iglesia robaron los
mejores adornos que el cura y su familia habían
condonado a este santuario, a saber, un cortinaje entero
que servía de presbiterio, un pabellón muy rico, tres
ramilletes de plata y uno de ellos sobredorado, un
almohadón, el palio y capa plubial." Continúa Medina
relatando las limosnas que recibió para para reponer el
curato del saqueo de los ingleses.
El segundo ataque de los piratas
ingleses se produjo el 9 de Julio de 1801. También
manuscrito en el libro de la Cofradía: "Que en este día
nueve de Julio de este año de la fecha volvió otro
corsario inglés a desembarcar en esta playa; no se supo
el nombre del capitán que comandaba el bergantín (Tal
vez por eso la creencia popular atribuyó el acto a Sir
Francis Drake, quién había destacado como corsario
durante el siglo XVI pero que llevaba más de dos siglos
muerto cuando sucedieron estos hechos); súpose, por
cierto, que Mariano Villafines, compatriota y paisano,
los introdujo (El Mariano Villafines era del curato de
Marín, según se averiguó después de pasado algún
tiempo); en número de treinta y seis marineros y a la
hora de las diez de la mañana, subieron y arrasaron el
humilde equipaje del cura, cuya casa incendiaron;
asolaron esta iglesia haciendo infracción de sus puertas
que eran y son muy atrevidas; demolieron y pusieron en
pequeños fragmentos todas las aras; hollaron y
vulneraron las imágenes; talaron y cortaron el altar
mayor. En la urna del Sagrario quedó clavado y quebrado
el sacrílego acero" (Recordemos que los ingleses, además
de corsarios pertenecían y pertenecen a la iglesia
anglicana. Para ellos no suponía un problema de
conciencia acuchillar las sagradas formas). Se asegura
que el privilegio actual de celebrarse en esta
Iglesia de San Vicente la fiesta del Sacramento en
un día de semana y antes de la festividad del Corpus
Christi, fue concedido precisamente como un desagravio
por este acto de piratería. Y continúa el cura Medina
relatando los hechos: "...de este segundo asalto nadie
se compadeció, antes bien admiró y escandalizó a todos
los pueblos comarcanos la indolencia e inacción de este
vecindario que pudo rechazar la invasión al modo que
hicieron los pueblos de Bueu y otros, a pesar de esta
verdad sobresalió la clemencia del Sr. Don Pedro Joaquín
de Murcia, Consejero de Gracia y Justicia..." Continúa
Medina relatando los donativos y regalos recibidos. Pero
no dice que el pueblo se negó a salir en su ayuda por
estar todo el vecindario enfrentado a él, por el estado
de abandono en que tenía el curato, hasta el punto de
tener su residencia en O Grove y no en San Vicente.
Estos actos de piratería tan bien
documentados no han sido los únicos puesto que a lo
largo de los siglos, cientos de piratas y corsarios han
pasado por estas tierras dejando un rastro de sangre y
fuego. Así, tenemos noticias de que los Normandos, en
sus intentos de atacar Santiago de Compostela elegían el
camino de la Ría de Arousa, asolando a su paso O Grove.
Como consecuencia de estas incursiones normandas se ha
planteado la hipótesis de una huida en masa de sus
habitantes y la completa o parcial despoblación de la
por entonces isla meca, tal y como ya había ocurrido con
la isla de Ons. Estos ataques normandos fueron muchos y
variados: En el año 844, después de un fallido
desembarco en A Coruña, asolaron la margen sur de la Ría
de Arosa, incluido O Grove. Entre 856 y 861 volvieron a
asolar toda la comarca. Les hizo frente el conde Don
Pedro, con posesiones en A Lanzada y los derrotó en el
860 en una gran batalla, si no en O Grove, al menos en
sus cercanías. En 968, una expedición danesa al mando de
Gunderedo con más de cien barcos y varios miles de
hombres, entró en la Ría de Arosa y permaneció por
espacio de dos años en ella mientras preparaba el asalto
definitivo a Compostela, que se produjo en el 970, en
marzo. A lo largo de estos dos años asolaron la villa de
O Grove. Esta invasión de Gunderedo fue el detonante
para que se construyesen las Torres del Oeste en Catoira
y la Torre da Lanzada, como fortificaciones
contra otras eventuales invasiones. Sin embargo, a pesar
de estas precauciones, los actos de piratería
continuaron. Entre 1048 y 1066, el danés Ulf o Ulfo,
conocido como "el gallego" por su prolongada actividad
de saqueo sobre suelo galaico, volvió a traer el terror
a la villa de O Grove.
No quiero dejar de mencionar
también las invasiones de saqueo que durante el siglo
XII realizaron los sarracenos. |